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miércoles, 31 de agosto de 2011

No llores Luna

Les comparto una poesía hecha hace poco tiempo. No la he querido subir sino hasta hoy por ser una fecha especial este 31 de agosto.

Hoy vi llorar a la Luna

Lagrimas de sangre y plata

Lagrimas de dolor y ternura

Las de dolor, escarlatas

Las de plata, con amargura

En silencio me acerque

¿Por qué lloras, blanca señora?

Que dolor tu alma perfora

Que sanarlo intentaré

Ella me miró con dulzura

Sonriendo con cierta tristeza

Sería una proeza

Sanar lo que me desfigura

El corazón

Mas te lo confiaré

A ti que eres poeta

Para que si no lo sanas

Al menos llores conmigo

Y tus lágrimas de vidrio

Aclaren mi rojo llanto

Hace ya tiempo que brillo

Noche y noche sin descanso

Un mortal me enamoró

Con un audaz y dulce canto

Y mi corazón tocó

Volvió de sangre

Lo que era fría plata

Y a mi blanca hermosura

Le dio el calor de la ternura

Me enseñó a tener compasión

En el día soñaba su voz

De noche para el brillaba

Pues decía que yo lo inspiraba

E hinchaba su corazón

Hoy quisiera estar con él

Y no sé cómo lograrlo

Si hacer estrellas con sus cantos

O hacerme yo como él

Más si me hiciera humana

Acaso ya no me amaría

Además que dejaría

De brillar al caer el día

Si lo hago a él como yo,

Perderá su corazón?

O su voz se extinguirá?

Ahí tienes mi dolor

Quien jamás pensaría

Ver llorar sangre a la Luna

Hoy lloro como ninguna

Y decirlo no me avergüenza

No había ella acabado

Cuando ya también yo lloraba

Por qué lloras poeta,

Me dijo la blanca enamorada

Porque tu pena taladra

No solo mi corazón

Sino hasta mi misma alma

Yo soy, yo tu poeta

Quien te tiene encantada

Quien dio el calor de la sangre

A tu corazón de plata

No llores más luna hermosa

Que el llanto afea tu cara

Yo haré versos o prosa

Hasta fundirme en tu alma

Tú serás mi blanca reina

Y dueña de toda mi alma

Seré tuyo como la noche

Pálida o estrellada

Oscuro cuando tu no estés

Brillante para cuando salgas

No llores más mi princesa

Borra tu llanto escarlata

Y que mis lágrimas de vidrio

Se mezclen con las tuyas de plata

Ya eres dueña de mis cantos

Y razón de mis palabras

Hoy cuando caiga la noche

Dormiré a las estrellas

Y te besaré con ellas

Aunque el cielo me lo reproche

Te envolveré con su manto

De negro aterciopelado

Y después como un suave canto

Ya no me iré de tu lado

Ya ha caído la noche

He de cumplir mi palabra

Me voy a vivir con la Luna

Me voy a estar con mi amada

Este es el testamento

De un poeta enamorado

Si me buscan, vean al cielo estrellado

Y tal vez allí me encuentren

Enlazando dulces palabras

Para mi blanca princesa

Si la ven sonreír

También sonrían con ella

Pues ahora es feliz

Por estar con su poeta.

domingo, 28 de agosto de 2011

Eres vida para mi

Les comparto una poesía que he escrito recientemente. Espero les guste.

Desde la oscura negra tumba de mi noche

Vi brillar un resplandor del día

Pequeño fulgor que hacia a mi venia

Desafiando el negro temor que lo envolvía

No quise creer lo que veía

Y de mis ojos cansados no me fiaba

Mi mente aletargada despertaba

Y era por ti que mi corazón otra vez latía

Rayo de luz que sin querer rompías

Las negras mortajas de mi alma muerta

Y alumbrabas mi camino hacia la puerta

De la vida misma a que me devolvías

No pensé que tu morir quisieras

Más bien reía porque me levantabas

A qué si no, donde la muerte entrabas?

Mas que a morir o a que me revivieras

Por que razón tu vida arriesgabas

Bajando al pozo oscuro de la muerte?

No lo se

Solo sé que de tu luz me enamoré

Y por ti del abismo regresé.

Yo no te dejaría morir

Ni que tu resplandor de luz se acabe

Pues al apagarse, ¡¿quien lo sabe?!

Si dejaría también yo de existir

Pequeño fulgor de luz de día

Hoy que te contemplo comprendí

Que sin tu luz sería un alma vacía

Porque tú eres vida para mí.

domingo, 31 de julio de 2011

Cuento corto

Comparto un cuento que escribí hace un par de años en Roma, para un proyecto que creo que nunca vio la luz. De todas maneras, tras 4 años me parece interesante el relato. No lo he ni corregido ni actualizado. Lo copio tal cual. Ojalá les guste.

Amaneció como los otros días. El joven estudiante se desperezó. Se estiró un poco en la cama. Internamente contó hasta tres y se levantó. De camino a la universidad se topó con el policía uniformado de azul, con el barrendero que silbaba una desconocida, inacabada y melancólica melodía. Vio de reojo la figura casi estatuesca del conserje de la universidad y siguió su camino sin detenerse hasta su mesa banco. Qué desperdicio de tiempo –pensó- podrían aprender un idioma, aprender algo nuevo y mejorar su nivel de vida… ganar más dinero, ser más felices, cambiar el mundo.

Como los otros días atendió casi sin pestañear las elevadas y deshilachadas palabras de los diversos profesores. Mientras tanto, en los pupitres de al lado, un par de jóvenes vagaban perdidos el uno en los ojos de la otra y la otra en los ojos del uno, imaginando cuentos de castillos medievales y de princesas dulces y frágiles en espera de un beso que les devolviera el calor de la vida a sus fríos y entumecidos miembros. Al otro lado, otro joven estaba muy lejos de captar ni una de las palabras enredadas del intelectual ya que se entretenía, más que enredando, tejiendo con fineza frases y palabras en versos alegres y sonantes. Qué desperdicio de tiempo –pensó como los otros días- podrían preocuparse por ser más instruidos y así cambiar el mundo, en lugar de perderse en sus tonterías. Y volvió a casa como los otros días.

Como algunos otros días, se detuvo un momento en una iglesia para rezar. Miró un gran Cristo barroco que pendía lastimosamente de una cruz también barroca. Una comunidad de fervorosos monjes cantaban dulcemente notas dulces de un vigoroso canto gregoriano. No pudo el joven estudiante reprimir un pensamiento excusándose antes ante el Cristo. Qué desperdicio –pensó- con esas voces tan hermosas podrían elevar el mundo a Dios, en vez de estar enterrados en este claustro tan alejado y escondido.

Saliendo de la iglesia, pasó por el cementerio de los monjes, donde con asombro pudo ver que yacían descansando en la paz de esos solitarios parajes doctores, maestros, licenciados, tanto en ciencias sagradas como profanas. Y brotó natural, como natural crecía la hierba entre las frías lápidas un lastimero pensamiento… qué desperdicio –pensó- estos pudieron enriquecer la ciencia y cambiar al mundo con sus mentes brillantes y en cambio aquí pasaron desapercibidos.

Un poco más lejos advirtió la figura, más fuerte que robusta, de un joven con su anciano padre que juntos cavaban una fosa. Qué desperdicio de fuerzas –pensó el joven estudiante- y todo para seguir viviendo de ese mismo modo… y el joven se lo trasmitirá a su hijo, y el hijo al hijo y así… pudiendo emplear esa fuerza en otros sitios y ganar más dinero y mejorar su vida y ser más felices… qué desperdicio –pensó igual que tantos otros días.-

Y los días pasaban como pasa un pensamiento. Las noches se sucedían como se sucedían las ideas del joven estudiante. Y el joven estudiante dejo de ser estudiante y empezó a trabajar. Y buscó no desperdiciar su tiempo en cines, diversiones o reuniones sociales. Pronto el empezó a ser un egregio profesor de la universidad renombrada y se sintió orgulloso al escucharse a sí mismo elaborando altas elucubraciones. Aprendió nuevos idiomas, elevó su nivel de vida, pretendió ganar más dinero buscando ser más feliz, queriendo cambiar el mundo. Como otras ocasiones anteriores, tuvo un pensamiento… que desperdicio –pensó- de aquellos que no buscan aprovechar todo como yo…

Y el tiempo pasó, y el joven a más de ya no ser estudiante, dejó de ser joven. Los años le cubrieron de gris los cabellos y de piedra el corazón. Sólo podía felicitarse a sí mismo por lo bien que aprovechaba todo y reprochar internamente la conducta de los demás. El tiempo pasó y Dios le llamó a su presencia.

“Señor, qué desperdicio” dijo no apenas llegar a la presencia del Padre celestial. “tanto tiempo esforzándome por cambiar el mundo… y ahora me llamas en este preciso momento. ¿por qué no haces que los hombres aprovechen mejor lo que tiene o pueden tener, por qué no mandas… por qué no haces, por qué…”

Y Dios que es toda paciencia y que tiene miles de años de experiencia en el trato con los hombres, le dejó hablar y desahogarse. Después, sin decir ninguna palabra le invitó a presenciar lo que ocurría en la Tierra en ese instante.

Una señora se preocupaba por el cadáver de un vecino que se había quedado sin nadie que velara por él. “qué desperdicio, Señor; por qué meterse en algo que no le incumbe” momentos después, pagaba de su propio dinero para que le dieran cristiana sepultura. Un sacerdote de estupenda y vigorosa voz, cantaba con fervor el réquiem acompañado por un coro de monjes. Dos hombres, uno anciano y otro más joven, cavaban la fosa al tiempo que elevaban una sencilla oración por el alma de quien sepultaban. Y vio como esas acciones, esas sencillas plegarias conmovían el rostro Divino y le eran gratas.

Pero Señor, ¿cómo puede la gente dejar su vida de por sí ya corta en esas nimiedades? Yo realmente me esforcé por cambiar el mundo.

“Hijo mío, concluyó el Señor, el mundo no se cambia por la cantidad de cosas que hagas o por tus grandes saberes. El mundo cambiará cuando los hombres se decidan a seguir el mandamiento dado por mi amadísimo Hijo “amaos como yo os he amado” el mundo se cambia a base de amor. Y eso que a ti te parecen nimiedades, son ante mí, las mayores acciones para cambiar el mundo.

viernes, 22 de julio de 2011

Pocas palabras

En el parque
viendo caminar a las gentes
te adivino en lo tranquilo de la tarde
y beso en silencio tu mirada
Las palmeras riman tu nombre.
Tu cielo me acaricia


(foto: Parque 21 de mayo, Córdoba Veracruz)


lunes, 13 de junio de 2011

Tus ojos y tu boca

Llueve. Es de noche. Es noche y llueve. Pero no es una lluvia torrencial. No, no es lluvia fuerte. Es lluvia tranquila pero constante. Larga. Interminable. Las gotitas caen melancólicamente. No golpean ni el suelo ni la hierba ni los cristales de las casas ni sus techos… los besan.

Y así como el agua besa la tierra… pienso en ti. Te veo recostada en mi pecho. Mis brazos te rodean. Quiero besarte. Te quiero besar y no puedo. Estás lejos. La lluvia sigue cayendo. Sigue acariciando los cristales, sigue abrazando el campo, sigue lloviendo.

Es de noche. Me encantan las noches. Llueve, me fascina la lluvia. Las gotas que caen me susurran tu nombre. No me lo gritan… porque es una lluvia melancólica. Es lluvia que arrulla. Y nada me arrulla mejor que escuchar suavemente tu nombre. Pienso en tu voz… tus ojos y tu boca.

Tus ojos grandes de limpio mirar. Tu boca fina, silenciosa, desafiante. Tu voz tímida al igual que tu sonrisa. Pienso en ti. La distancia se hace agua, como el agua tímida que cae hoy en forma de lluvia, y al igual que la lluvia, me susurra tu nombre.

Llueve y pienso en ti. Aunque no lloviera, pensaría en ti. Pero llueve y la lluvia me trae tu nombre desde el cielo. Desde alguna de esas nubes lejanas y grises. ¿Te llevara también a ti mi nombre la lluvia? Quiero abrazarte. No puedo. ¿Quisieras que yo te abrace? Quiero besarte. Tampoco puedo. ¿Dejarías que te besara? Miro como el agua besa la tierra.

Tus ojos y tu boca. Tus ojos son un poco como el cielo. Ventanas al infinito. Es fácil ver en ellos cuando va a llover… cuando hace un día soleado y cuando uno despejado. Son hermosos y profundos como el cielo de Castilla en una noche estrellada.

Tu boca. Tu boca me cautiva. Es firme. Es sencilla. Es sutil. Tus ojos y tu boca, hermosa combinación. Dios se lució contigo. Tu boca es como ver el horizonte en una mañana desde la playa… no sabes dónde acaba el mar y donde empieza el cielo. Así es tu boca. Así son tus labios. Desván de muchos secretos.

Termina de llover de manera imperceptible, como quien se queda dormido después de haber llorado. No se da uno cuenta. Y así como quien se quedo dormido está soñando… así yo. Ha terminado de llover y, de manera imperceptible, te sigo recordando. Tu nombre sigue en mi mente. Tú sigues en mis brazos, tu cara contra mi pecho. Volteas hacia mi cara. Veo tus ojos… veo tu boca… tus ojos y tu boca. Ya no sé si estoy soñando o si estoy pensando. Solo quiero seguir soñando… tus ojos y tu boca.

Una reflexión "al vuelo"

Frente a mi oficina, sobre las escaleras que van al segundo piso, había un nido de golondrinas. 3 polluelos tenía el nido. Sobre una lámpara...