domingo, 31 de julio de 2011

Cuento corto

Comparto un cuento que escribí hace un par de años en Roma, para un proyecto que creo que nunca vio la luz. De todas maneras, tras 4 años me parece interesante el relato. No lo he ni corregido ni actualizado. Lo copio tal cual. Ojalá les guste.

Amaneció como los otros días. El joven estudiante se desperezó. Se estiró un poco en la cama. Internamente contó hasta tres y se levantó. De camino a la universidad se topó con el policía uniformado de azul, con el barrendero que silbaba una desconocida, inacabada y melancólica melodía. Vio de reojo la figura casi estatuesca del conserje de la universidad y siguió su camino sin detenerse hasta su mesa banco. Qué desperdicio de tiempo –pensó- podrían aprender un idioma, aprender algo nuevo y mejorar su nivel de vida… ganar más dinero, ser más felices, cambiar el mundo.

Como los otros días atendió casi sin pestañear las elevadas y deshilachadas palabras de los diversos profesores. Mientras tanto, en los pupitres de al lado, un par de jóvenes vagaban perdidos el uno en los ojos de la otra y la otra en los ojos del uno, imaginando cuentos de castillos medievales y de princesas dulces y frágiles en espera de un beso que les devolviera el calor de la vida a sus fríos y entumecidos miembros. Al otro lado, otro joven estaba muy lejos de captar ni una de las palabras enredadas del intelectual ya que se entretenía, más que enredando, tejiendo con fineza frases y palabras en versos alegres y sonantes. Qué desperdicio de tiempo –pensó como los otros días- podrían preocuparse por ser más instruidos y así cambiar el mundo, en lugar de perderse en sus tonterías. Y volvió a casa como los otros días.

Como algunos otros días, se detuvo un momento en una iglesia para rezar. Miró un gran Cristo barroco que pendía lastimosamente de una cruz también barroca. Una comunidad de fervorosos monjes cantaban dulcemente notas dulces de un vigoroso canto gregoriano. No pudo el joven estudiante reprimir un pensamiento excusándose antes ante el Cristo. Qué desperdicio –pensó- con esas voces tan hermosas podrían elevar el mundo a Dios, en vez de estar enterrados en este claustro tan alejado y escondido.

Saliendo de la iglesia, pasó por el cementerio de los monjes, donde con asombro pudo ver que yacían descansando en la paz de esos solitarios parajes doctores, maestros, licenciados, tanto en ciencias sagradas como profanas. Y brotó natural, como natural crecía la hierba entre las frías lápidas un lastimero pensamiento… qué desperdicio –pensó- estos pudieron enriquecer la ciencia y cambiar al mundo con sus mentes brillantes y en cambio aquí pasaron desapercibidos.

Un poco más lejos advirtió la figura, más fuerte que robusta, de un joven con su anciano padre que juntos cavaban una fosa. Qué desperdicio de fuerzas –pensó el joven estudiante- y todo para seguir viviendo de ese mismo modo… y el joven se lo trasmitirá a su hijo, y el hijo al hijo y así… pudiendo emplear esa fuerza en otros sitios y ganar más dinero y mejorar su vida y ser más felices… qué desperdicio –pensó igual que tantos otros días.-

Y los días pasaban como pasa un pensamiento. Las noches se sucedían como se sucedían las ideas del joven estudiante. Y el joven estudiante dejo de ser estudiante y empezó a trabajar. Y buscó no desperdiciar su tiempo en cines, diversiones o reuniones sociales. Pronto el empezó a ser un egregio profesor de la universidad renombrada y se sintió orgulloso al escucharse a sí mismo elaborando altas elucubraciones. Aprendió nuevos idiomas, elevó su nivel de vida, pretendió ganar más dinero buscando ser más feliz, queriendo cambiar el mundo. Como otras ocasiones anteriores, tuvo un pensamiento… que desperdicio –pensó- de aquellos que no buscan aprovechar todo como yo…

Y el tiempo pasó, y el joven a más de ya no ser estudiante, dejó de ser joven. Los años le cubrieron de gris los cabellos y de piedra el corazón. Sólo podía felicitarse a sí mismo por lo bien que aprovechaba todo y reprochar internamente la conducta de los demás. El tiempo pasó y Dios le llamó a su presencia.

“Señor, qué desperdicio” dijo no apenas llegar a la presencia del Padre celestial. “tanto tiempo esforzándome por cambiar el mundo… y ahora me llamas en este preciso momento. ¿por qué no haces que los hombres aprovechen mejor lo que tiene o pueden tener, por qué no mandas… por qué no haces, por qué…”

Y Dios que es toda paciencia y que tiene miles de años de experiencia en el trato con los hombres, le dejó hablar y desahogarse. Después, sin decir ninguna palabra le invitó a presenciar lo que ocurría en la Tierra en ese instante.

Una señora se preocupaba por el cadáver de un vecino que se había quedado sin nadie que velara por él. “qué desperdicio, Señor; por qué meterse en algo que no le incumbe” momentos después, pagaba de su propio dinero para que le dieran cristiana sepultura. Un sacerdote de estupenda y vigorosa voz, cantaba con fervor el réquiem acompañado por un coro de monjes. Dos hombres, uno anciano y otro más joven, cavaban la fosa al tiempo que elevaban una sencilla oración por el alma de quien sepultaban. Y vio como esas acciones, esas sencillas plegarias conmovían el rostro Divino y le eran gratas.

Pero Señor, ¿cómo puede la gente dejar su vida de por sí ya corta en esas nimiedades? Yo realmente me esforcé por cambiar el mundo.

“Hijo mío, concluyó el Señor, el mundo no se cambia por la cantidad de cosas que hagas o por tus grandes saberes. El mundo cambiará cuando los hombres se decidan a seguir el mandamiento dado por mi amadísimo Hijo “amaos como yo os he amado” el mundo se cambia a base de amor. Y eso que a ti te parecen nimiedades, son ante mí, las mayores acciones para cambiar el mundo.

viernes, 22 de julio de 2011

Pocas palabras

En el parque
viendo caminar a las gentes
te adivino en lo tranquilo de la tarde
y beso en silencio tu mirada
Las palmeras riman tu nombre.
Tu cielo me acaricia


(foto: Parque 21 de mayo, Córdoba Veracruz)


lunes, 13 de junio de 2011

Tus ojos y tu boca

Llueve. Es de noche. Es noche y llueve. Pero no es una lluvia torrencial. No, no es lluvia fuerte. Es lluvia tranquila pero constante. Larga. Interminable. Las gotitas caen melancólicamente. No golpean ni el suelo ni la hierba ni los cristales de las casas ni sus techos… los besan.

Y así como el agua besa la tierra… pienso en ti. Te veo recostada en mi pecho. Mis brazos te rodean. Quiero besarte. Te quiero besar y no puedo. Estás lejos. La lluvia sigue cayendo. Sigue acariciando los cristales, sigue abrazando el campo, sigue lloviendo.

Es de noche. Me encantan las noches. Llueve, me fascina la lluvia. Las gotas que caen me susurran tu nombre. No me lo gritan… porque es una lluvia melancólica. Es lluvia que arrulla. Y nada me arrulla mejor que escuchar suavemente tu nombre. Pienso en tu voz… tus ojos y tu boca.

Tus ojos grandes de limpio mirar. Tu boca fina, silenciosa, desafiante. Tu voz tímida al igual que tu sonrisa. Pienso en ti. La distancia se hace agua, como el agua tímida que cae hoy en forma de lluvia, y al igual que la lluvia, me susurra tu nombre.

Llueve y pienso en ti. Aunque no lloviera, pensaría en ti. Pero llueve y la lluvia me trae tu nombre desde el cielo. Desde alguna de esas nubes lejanas y grises. ¿Te llevara también a ti mi nombre la lluvia? Quiero abrazarte. No puedo. ¿Quisieras que yo te abrace? Quiero besarte. Tampoco puedo. ¿Dejarías que te besara? Miro como el agua besa la tierra.

Tus ojos y tu boca. Tus ojos son un poco como el cielo. Ventanas al infinito. Es fácil ver en ellos cuando va a llover… cuando hace un día soleado y cuando uno despejado. Son hermosos y profundos como el cielo de Castilla en una noche estrellada.

Tu boca. Tu boca me cautiva. Es firme. Es sencilla. Es sutil. Tus ojos y tu boca, hermosa combinación. Dios se lució contigo. Tu boca es como ver el horizonte en una mañana desde la playa… no sabes dónde acaba el mar y donde empieza el cielo. Así es tu boca. Así son tus labios. Desván de muchos secretos.

Termina de llover de manera imperceptible, como quien se queda dormido después de haber llorado. No se da uno cuenta. Y así como quien se quedo dormido está soñando… así yo. Ha terminado de llover y, de manera imperceptible, te sigo recordando. Tu nombre sigue en mi mente. Tú sigues en mis brazos, tu cara contra mi pecho. Volteas hacia mi cara. Veo tus ojos… veo tu boca… tus ojos y tu boca. Ya no sé si estoy soñando o si estoy pensando. Solo quiero seguir soñando… tus ojos y tu boca.

viernes, 10 de junio de 2011

Están cerradas las Iglesias

Tiene ya un buen rato que no me pongo a escribir lo que pienso. Y si no lo escribo, para mí es como si no lo pensara. Refiriéndome claro, a aquellos temas que captan de modo particular mi atención. Sería imposible escribir todo lo que se piensa, creo yo.

Y hablando de temas que captan de modo particular mi atención, hace días hubo uno que llego a mi cerebro y ahí ha permanecido medio oculto, medio visible, y que quiero tratar de darle forma.

El hecho es el siguiente: Están cerradas las Iglesias. No sé, no es que sea algo malo ni una persecución anticlerical o anticatólica, no. No es que no haya sacerdotes o que se acabaran los oficios divinos, no. No es que ya los fieles no se acerquen a los templos o que los sacristanes estén en huelga, no. Es simplemente que están cerradas las iglesias. Me explico.

Por diversas circunstancias a lo largo del último mes, ha coincidido que pasó frente a varias iglesias, capillas o templos, como prefieran llamarles, a las horas en que está cerrado. Bien sea muy temprano por la mañana, bien sea a la hora de la comida o por fin, ya en la noche. Lo que pasa aquí es que a mí se me hace raro, es algo que “golpea” la vista el hecho que una iglesia esté cerrada.

Revolviendo un poco entre mis recuerdos, yendo a la época en que era aún niño, o más niño, no encuentro una imagen fija de un templo cerrado. Hasta donde recuerdo, a partir de las seis, máximo a las siete de la mañana, los templos ya estaban abiertos dispuestos a recibir a quien se acercara buscando a Dios o buscando cumplir un mandamiento. Por la tarde, mientras todos comían, el templo permanecía abierto o quizá cerraban durante una hora, una breve hora. Y al finalizar el día, pero solo al finalizarlo, es decir, prácticamente siempre después de las ocho u ocho y media de la noche, entonces sí, se cerraba el templo, ya cuando la noche pintaba de oscuro el cielo.

Hoy por hoy, sinceramente es una imagen que me choca un poco. Debe ser además porque un par de veces he intentado entrar a un templo en esas horas en que está cerrado. Seré sincero, no conozco los horarios. Me imagino que abrirán a las ocho de la mañana, cerraran para comer a las dos de la tarde; abrirán de nuevo a las cuatro de la tarde y a las siete o siete y media, ya los están cerrando.

No digo que esté bien o que esté mal. Simplemente es un hecho que llamo mi atención y me da qué pensar. Bueno, he de decir que los domingos en que hay Misa hasta tarde, sí, los cierran más noche. Pero espero que no sea símbolo ni que ayude a que la religión se convierta en una especie de servicio público más.

jueves, 3 de marzo de 2011

Perdí el autobús (segunda parte)

Llego a mi casa al rededor de las ocho de la mañana. Mi nuevo viaje está programado para las nueve quince. Subo las escaleras, entro a mi habitación que está hecha un desastre. Mi maleta en el piso, desbordando ropa. Mis tennis, mis chanclas. No sé por donde empezar así que me siento en mi cama, enciendo la computadora y me conecta a internet.

Sigo molesto. Una y otra vez me recrimino: ¡cómo pude haber perdido el autobús! Mi hermana se despierta, sale de su habitación y me ve. Primero sigue su camino sin más. Después como que se da cuenta de que algo anda mal. Me mira de nuevo. Dispara la pregunta "¿y ora?" ¿no te fuiste? como si no me lo hubiera ya recordado yo mismo bastante, me veo obligado a revelarlo una vez más y esta vez además en voz alta... PERDÍ EL AUTOBÚS.

Nunca pensé que un hecho tan simple pudiera adquirir tintes tan estresantes. Es más, nunca pensé que un hecho tan simple tomara tanta influencia en mi. En otras circunstancias no le habría dado mayor importancia. Al saber que perdía el autobús hubiera dicho: "paciencia, me voy en el siguiente" y se acabó. Pero esto se está ya haciendo muy cuesta arriba.

Ahora despierta mi otra hermana. A ella le temo más. Estoy viendo ya su burla al saber que he perdido el autobús y sinceramente ahora no estoy para burlas. Pongo cara de molesto. Aun así me pregunta una vez más el motivo de que esté aún en la casa a esa hora. Si supiera... si supiera que mientras ella aun dormia yo me desperté, me enojé, salí, tomé un taxi, fui a la central, cambie mi boleto, la chica del mostrador me regañó, regresé caminando a la casa, me ladraron y persiguieron unos perros... pero no. No lo sabe y no le daré el gusto de saberlo. Le contesto con un escueto pero de nuevo humillante: "perdí el autobús"

Bueno, no alargaré más mi relato. Solo enumeraré unos hechos más. El autobús que debia salir a las nueve quince, salio a las 10 de la mañana. Por ir a toda velocidad, casi chocamos un par de veces. Además de perder mi clase del lunes, perdí mi entrenamiento de Voley. Sin nada que hacer en casa empecé a ver la televisión y que se va la luz. Ah, y no comí.

Ya por la noche tomé, entre otras cosas, una decisión muy firme de levantar el ánimo, pues si ese había sido el primer día no me quería ni imaginar el resto de la semana. Así que en lugar de verlo como el primer día de la semana, lo vi como el ultimo día de un mes que estaba ya muriendo. Y pensar que todo comenzó por haber perdido un autobús.

En honor a la verdad, no todo fue absolutamente malo. Es más hubo una cosa muy muy buena y fue que pude hablar con Laura. Si no, ahora sí que creería en la mala suerte.

martes, 1 de marzo de 2011

Perdí el autobús (primera parte)

Oigo entre sueños la voz de mi madre que grita: ¡Miguel! y ya despierto vuelvo a escucharla. Faltan diez minutos para las siete de la mañana. Mi primer pensamiento: "ya perdí el autobús". Acto seguido me enojo un poco. Golpeo más o menos fuerte mi pierna mientras me cambio a toda velocidad. Salgo de la casa aun despeinado y hecho una pequeña furia por dentro... ¿Cómo no escuché la alarma, por qué no habrá sonado? doy vuelta en la esquina mientras hago cuentas mentales para saber de cuanto serán mis perdidas. Pasa un taxi, le hago la parada y subo.

Ya llegando a la central voy más tranquilo, el aire fresco de la mañana me ha tranquilizado un poco, pero aun así debo presentar un aspecto de recién levantado. Los párpados los siento pesados todavía. La chica del mostrador, además de ser muy guapa es muy amable y me explica como cambiar el boleto. Luego me riñe un poquito porque se ha "desperdiciado" un asiento que otra persona quería. No se lo tomo a mal. Lo ha hecho de manera simpática.

Ya con mi boleto en mano, vuelvo a la realidad de haber perdido el autobús. Mi mente comienza a trabajar a toda velocidad. Primero me vuelvo a enojar con... no sé ni con quien enojarme. Pienso que no es buena manera de empezar la semana. Voy de regreso a la casa pero esta vez voy caminando. Necesito caminar, necesito pensar, necesito...

Enseguida comienzo a pensar en la cantidad de veces que he tenido que viajar... pierdo la cuenta, son demasiadas. Vienen a mi mente las estaciones de trenes de Burgos, España; la de Salamanca, las de Italia: Gozzano, Milán, Roma... pienso en el "Charles de Gaulle", en Malpensa, en Fiumicino y Ciampino... en el aeropuerto del DF... empiezo a frustrarme un poco. Sigo pensando en el "AutoRes" de Salamanca, en el de Madrid, en la Tapo, en la Central del Norte... en el aeropuerto de Monterrey... pienso en la central de Querétaro, en la de camiones de Torrelavega, en la de Cancun, pienso en el aeropuerto de Frankfurt de Alemania y en la famosa puntualidad alemana... Nunca, nunca he perdido un vuelo, tren, autobús, burro, taxi, camello.. ¡nada! Ni la puntualidad europea había podido conmigo. Definitivamente no es la mejor manera de empezar mi semana.

Mientras voy considerando todo esto, enfilo por una calle. Veo a lo lejos un perro. Conforme me acerco veo que es inofensivo. Cuando creo haber superado el peligro, de debajo de una combi junto a la que paso, sale ladrando una perra. Se le une el primer perro y comienza la persecución. Pensando no sé en que cosa, me freno, doy la media vuelta y los encaro... los amenazo con una moneda de cincuenta centavos recogida previamente en la calle. Se frenan ellos. Ladran. Dan la media vuelta. Yo me alejo caminando de espaldas. Pasa un "Chevy".

Sigo mi camino aun más agobiado. No puede ser. Es lunes, son las siete treinta de la mañana y ya llevo tres al hilo. Pienso en que si así estoy empezando me puedo esperar una semana bastante durita.

Vuelvo a hacer cuentas mentalmente. Me doy cuenta que me he quedado sin dinero para la semana. No, definitivamente no estoy empezando bien la semana. Y todo comenzó por haber perdido el autobús... (continuará)

miércoles, 2 de febrero de 2011

El periodismo en México

El problema no es el periodismo. El problema es México. El problema tampoco es México, el problema son algunos mexicanos. A mi humilde parecer, y no me cansaré de repetirlo, México es como lo definió Joseph Schlarman, una tierra de volcanes, un país con muchos relieves en la orografía social.

Más allá de la verdad, de las garantías ofrecidas por la Constitución, más allá de las libertades, está un gobierno casi omnipotente y más aun omnipresente que se ha encargado de cribar la información, de aceptar o vedar lo que quiere que sepa el pueblo. Y más allá aun de ese gobierno, hay un pueblo adormecido, unas voluntades anquilosadas esperando a ser satisfechas con un poco de sensacionalismo y verdades a medias, que no exijan mayor compromiso, que le permitan opinar sin riesgo de adentrarse en el tan temido campo del esfuerzo y trabajo por lograr un cambio positivo.

Este es el campo en que le toca moverse al periodismo mexicano. El de una sociedad que al igual que los antiguos romanos, parecían conformarse con “panem et circensis” pan y circo. Aquí la pregunta que me surge es: ¿hasta qué punto ha contribuido el periodismo mexicano a moldear este tipo de sociedad? Y digo a moldear y no a formar porque la sociedad mexicana desde el punto de vista informativo, no está formada, puede estar moldeada pero formada no está.
A mi parecer el periodismo mexicano se enfrenta a un reto muy importante y es el de sí, ofrecer la noticia en su integridad y con ese afán informativo, pero también al de la honestidad intelectual. Es decir, buscar ser objetivos y ofrecer juicios que no solo alimenten el morbo sino que nutran de verdad el juicio y la razón de las personas.

No se trata de que impongan un punto de vista, sino que ofrezcan varios de ellos para que cada uno pueda formarse un juicio firme, verdadero y objetivo.

Hace tiempo escuché una frase simpática: “cuando veas dos multitudes gritando, grita con la que más fuerte grita” ojalá en México el periodismo pueda ayudarnos a gritar todos juntos en favor de lo que nos conviene como país, superando diferencias ridículas y nos evite seguir desgastándonos unos contra otros. Yo aun creo que en el poder de la palabra.

sábado, 22 de enero de 2011

Besos con sabor a alcohol

Hola. Les comparto una de las ultimas poesías que he escrito.


Tenía el alma partida

Y partida por el llanto la mirada

Cuando te encontré también a ti perdida

Perdida y llorando desolada

Entre humo de tabaco y acordes tristes

Tristes acordes de un triste piano

Mis dedos se acercaron a tu mano

A tu mano que como el piano estaba triste

Sin querer fui buscando esas caricias

Caricias que el amor me había negado

Y en tus labios fui hallando las primicias

Primicias de un amor desesperado

Fueron con sabor a alcohol tus besos de pasión

Besos amargos, besos de despecho

Que no dejaron mi corazón satisfecho

Ni satisfecho quedó tu corazón

Tras un par de tragos, mi alma adolorida

Adolorida y cobarde, emprendió la retirada

Quedándome con el alma igual, partida

Y partida por el llanto la mirada

domingo, 26 de diciembre de 2010

Una poesía navideña...

Muy Feliz Navidad a todos mis lectores... no he querido atosigarles en estas fiestas navideñas con consideraciones ni elucubraciones... les dejo una poesía para que la disfruten y la reflexionen... es muy hermosa y creo que se explica por sí misma...

Eva en Belén

Era en Belén y era Noche buena la noche.

Apenas ni la puerta crujió cuando entrara.

Era una mujer seca, harapienta y oscura

con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venia sucia de barro, de polvo de caminos.

La iluminó la luna y no tenía sombra.

Tembló María al verla; la mula no, ni el buey

rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos color ceniza,

color del mucho tiempo, color de viento antiguo;

en sus ojos se abría la primera mirada

y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.

En sus manos de tierra, ¡oh Dios!, ¿qué llevaría?...

Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente

y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.

¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!

El Niño la miraba. También la mula. El buey

mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era en Belén y era Noche buena la noche.

Apenas ni la puerta crujió cuando se iba.

María al conocerla gritó y la llamó ¡Madre!

Eva miró a la Virgen y la llamó ¡Bendita!

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!

Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.

Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía

teniendo entre sus dedos niños la manzana mordida.

(Murciano-1929)

sábado, 11 de diciembre de 2010

Guadalupe

Hace algunos años me encontraba en la ciudad de Salamanca, en España. Asistía a una serie de pláticas sobre la Inmaculada Concepción. Durante ese ciclo de pláticas, el conferencista dijo que la Virgen de Guadalupe no era mexicana. El conferencista era chileno y el auditorio al que le hablaba era en un 60% mexicano. Ya se podrán imaginar las reacciones. Yo por mi parte ya incursionaba en los terrenos de la poesía así que compuse una especie de soneto que lo dediqué en primer lugar a la Virgen de Guadalupe, y en segundo lugar al conferencista.

La idea es sencilla: dado que el conferencista decía que la Virgen no era mexicana porque cuando se apareció aun no existía Mexico, yo argumento que Mexico es guadalupano porque la Virgen se introdujo en sus raíces y que quiso adoptar nuestra Patria como propia. Bueno, se los dejo, espero que les guste.



Guadalupe, orgullo del mexicano
te quisiste quedar en nuestra tierra
y el que esto piense para nada yerra
que a México hiciste guadalupano

Si cuando bajaste todavía no era
en su raíz hundiste tu figura
para que de México la sangre toda fuera
guadalupana, Santa Virgen Pura

Con ninguna otra nación hiciste igual
nuestra Patria escogiste como propia
nos dejaste tu imagen celestial

Gracias por bajar a nuestro suelo
que convertiste con tu maternal presencia
en tu segunda casa, en tu segundo cielo

jueves, 9 de diciembre de 2010

Dios... Karma... Destino...

Desde hace un par de días hay una idea que me ha estado inquietando un poco. Ha estado luchando por salir de ese lugarcillo donde se gestan las ideas, sólo que como todos saben, no es bueno que una idea salga y ande por ahí vagando si no va bien vestida y arropada con lógica, buenas palabras y claridad. Bien, trataré de vestir a mi idea de manera que puedan entenderla.

Se trata de lo siguiente: últimamente, si bien no es algo nuevo, he estado escuchando en canciones, en programas de televisión, en comerciales y anuncios varios una palabra: el destino. Sí, la primera vez o quizá las primeras veinte veces me pasó desapercibida o hasta me pareció poética. Después comenzó a hacer eco en mi mente, más tarde no paraba de verla en todos sitios. Mis amigos la utilizaban en sus conversaciones, salía en las páginas de los libros y periódicos, creando un poco de confusión o más bien tomando un lugar que no le pertenece del todo.

Lo de la confusión y el lugar que no le pertenece, lo digo porque muchas veces la confunden con Dios. Quién no ha escuchado frases como: "el Destino, Dios, Karma... llámale como quieras, pero..." y otras parecidas.

El Destino, con la connotación de un ente personal, vine de la concepción fatalista romana y quizá ya desde antes, de los griegos, para los cuales había una especie de deidades o deidad que era el "Fatum" los hados, o el Destino, al que hasta los mismos dioses estaban sometidos y que regía la vida de los hombres de manera más bien caprichosa y lo expresaban con una frase: "ducunt volentem fata, nolentem trahunt" (El destino conduce a quien se le presta y arrastra a quien se le resiste)

Y bueno, creo que la forma en la que lo toman o usan ahora... en las canciones y demás cosas que mencionaba al inicio, no ha cambiado mucho, solo que dudo que sepan el origen de tal tendencia.

Al punto al que voy es al siguiente: como dijo una vez uno de mis profesores, un hombre bastante sabio y que admiro mucho: "El que no conoce a Dios, a cualquier burro se le hinca" como que da la impresión que los hechos que ocurren día a día en nuestras vidas los queremos atribuir a algo... o a alguien que puede estar por encima y que los va permitiendo o acomodando, que se encarga de "cobrarse" las malas acciones cometidas y que, sin decirlo tan abiertamente... juega con nosotros.

No me meteré en terreno filosófico por ahora, aunque bien valdría la pena, pues anula entre otras cosas la libertad, la autodeterminación...

La cuestión es esa: que el Destino está de moda. A veces como que da pena reconocer que es Dios quien realmente está al tanto de nuestras vidas. A veces da miedo aceptarlo, A veces incluso cuesta creerlo, pues no estamos acostumbrados al tiempo de Dios y queremos resultados inmediatos. Pero, ¿acaso no preferirías confiar tu vida a un Padre que sabes que te ama, que a una especie de idea abstracta que ademas es una caprichosa y para quien no eres más que un juguete?

Otra idea quiere acompañar a la primera... ¿qué ha hecho el "destino" o el "Karma" por tí? creo que nada, o al máximo hacerte pasar ratos un tanto amargos... sin embargo, de Dios sabemos que ha hecho bastante por cada uno... nacer, hacerse hombre, dar su vida... ¿es poco?

Bueno, creo que ya quedó. Mejor corto antes de que la idea se convierta en un batiburrillo soporifero. Solo termino con una invitación a que pienses si no es mejor confiar tu vida a la Providencia de un Dios que sabes que es amor y que te ama, que al capricho de un "algo" que ni siquiera estás seguro de que pueda existir.

Una reflexión "al vuelo"

Frente a mi oficina, sobre las escaleras que van al segundo piso, había un nido de golondrinas. 3 polluelos tenía el nido. Sobre una lámpara...