domingo, 7 de noviembre de 2010
Este olivo
martes, 2 de noviembre de 2010
El dos de noviembre
Sigo caminando por la ciudad de los muertos, rezo por sus almas. Varias reflexiones me asaltan en mi lento deambular entre sus avenidas de grava. Algunas tumbas pretenden ser pequeñas casitas, con su reja y escalerilla. Otras, simples contenedores y algunas en fin, verdaderos santuarios.
Al lado de los nombres se pueden ver fotografías. Me llama la atención un rostro hermoso de una joven seria. ¿Qué quedará de esa hermosura tras la triste lápida? Jóvenes, ancianos, pobres, ricos, mujeres y hombres… todos acaban cubiertos por un poco de tierra, mojada al inicio por lágrimas dolorosamente arrancadas o endurecida después por el imparable paso de los años.
Ahora levanto un poco la mirada. Los vivos caminan por la ciudad de los muertos. Callados, taciturnos, meditabundos. Caminan por aquellos que ya no pueden caminar, meditan en la muerte de quienes quizá no pensaron en la muerte hasta pocas horas antes de saludarla personalmente, rezan por quienes tal vez ya nadie reza. Caminan en silencio, temiendo interrumpir el silencio de los que ya no hablan. Caminan quizá queriendo escuchar la debilitada voz de alguna póstuma enseñanza. Y ¿qué queda tras estas vidas, breves algunas, más largas otras, pero ya todas terminadas?
Qué cuadro tan más sugestivo… los vivos paseando por entre las avenidas de los muertos. ¡Qué contraste! Me voy de la ciudad de los muertos dejando a los vivos caminando en ella. Al llegar a casa he encontrado una respuesta a las preguntas de tantos que caminan por los cementerios…
“Y el día de mañana, cuando los hombres nos olviden, solamente una cruz, y en ella Cristo, seguirá abrazando nuestra sepultura como guardián eterno de una amistad comenzada en esta tierra”
sábado, 23 de octubre de 2010
una historia real de dos personas reales
Para David no había más deporte que el foot ball y le enseñó a Miguel Ángel a jugarlo. Para Miguel Ángel el deporte era el base ball y pronto contgaió a David su gusto por el "rey de los deportes" de suerte que cada vez que jugaba el equipo de baseball de su ciudad, conseguían pases gratis en las oficinas del periódico local para ir a los partidos.
Si contara todas las peripecias vividas por David y Miguel Ángel me largaría mucho y me desviaría del propósito de esta narración. Pero téngase en cuenta que fueron muchas, unas muy divertidas, algunas peligrosasy algunas hasta dolorosas como la que sigue.
Sucedió en uno de esos días en que el equipo de baseball local tenía tan poco suceso que el periódico regalaba boletos para que la gente acudiera. Como casi siempre, Miguel Ángel y David consiguieron los boletos y luego se infiltraron hasta lo zona de los palcos, al lado del terreno de juego, junto a la primera base.
En un batazo "de foul" el primera base no alcanzó la bola que rebotó con gran fuerza en la arcilla y fue a parar al pecho de Miguel Ángel, causándole un dolor indescriptible, por lo cual no lo describiré, pero muy imaginable, por o cual ya podrán saber qué tan grande fue el dolor.
Mientras Miguel Ángel tenía dificultades para respirar y se sentía morir, David no dudó en dejarlo como estaba para ir a recoger la pelota fatal, para lo cual tuvo que golpear además a otros tres chicos que intentaban hacer lo mismo.
Al poco tiempo, cuando aquel percance que fue digno de ser comentado en la radio, no era más que anécdota, Miguel Ángel se fue de la ciudad a estudiar y se vio separado de su amigo. Algunos años después no solo se fue de su ciudad sino incluso tuvo que salir del País, donde recibió la noticia que su buen amigo tenía una enfermedad incurable.
Unos meses más tarde Miguel recibió la triste noticia que David había fallecido a causa de esa enfermedad, y sufrió otro dolor, esta vez inimaginable al saber que David había preguntado por él en su lecho de muerte y él no pudo estar presente tampoco en los funerales.
Pasaron varios años y aquella anécdota de la pelota y el baseball dejo de ser anécdota para convertirse en un recuerdo cuyo único testigo era la pelota que David había guardado por años, pero que ya nadie sabía donde estaba.
Un buen día, trece años depués, Miguel Ángel revisaba una caja que llevaba años sin abrirse, donde habían guardado algunas pertenencias de su difunto primo y amigo, y cual no fue su sorpresa al encontrar precisamente aquella pelota que golpeara su pecho en una tarde de baseball.
Y aquí al parecer nos encontramos de nuevo ante una emoción indescriptible. Los recuerdos corrieron y se abultaron en la mente de Miguel, quien con la pelota al lado puso por escrito en su blog la historia de estos sucesos. Sinceramente no fue la mejor narracion que había logrado... incluso a sus ojos no parecía muy interesante, pero no le cupo duda que debía publicarla al menos como un homenaje a su buen amigo.
Una historia real de dos personas reales. Tan reales como el que escribe... tan reales como la muerte, pero tan viva como los recuerdos y sobre todo el recuerdo vivo de un ser querido que ya no está.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Deambulando, divagando
Y hablando de pinceladas, mientras camino, pienso en las escenas de la vida. Si, desde los cuadros llenos de dedicación y técnica como podría ser el de una pareja jurándose fidelidad eterna ante el altar, como los más ordinarios y sencillos, como el de un franelero sentado al borde de la acera.
En mi paseo de esta tarde he tenido ojos solo para un par de lienzos vivos. El primero me lo ofreció el clima mismo. Una tarde más o menos nublada, una neblina tímida como espiando detras de la cortina. Humedad en el ambiente. Y seriedad... mucha seriedad. O más que seriedad, quizás indiferencia. En resumidas cuentas, un cuadro frío, sin mucha expresión. Uno de esos cuadros que sirven de adorno, pero en el que rara vez te detienes a observar la composición.
La seunda escena me sacó de mi "enmimismamiento" para comenzar a mezclar los colores y trazos del segundo cuadro.
Atravieso por el frente del area de urgencias de un hospital. Hay mucha gente. Hombres, mujeres, taxistas. Prácticamente no hay niños. Unos sentados en el suelo, otros de pie recargados contra el muro, algunos más dando nerviosos y cortos paseíllos. Mis ojos se detienen un instante ante una mujer que llora casi sin poder ya llorar. La rodean algunas personas que intentan consolarla. Uno le toma el brazo, otro le da palmaditas en la espalda.
En los ojos de todos se lee lo mismo: cansancio, ante todo cansancio, pero también preocupación. Y también, aunque muy sutilmente, resignación.
Y este último destello me lleva en pensamiento a la celebración tan mexicana del día de muertos. Fiesta con sabor a antiguo. Fiesta de flores amarillas y papel de China color morado. Pero fiesta también que habla de resignación. No es fiesta de la muerte, porque como diría Arjona en su canción, "Y es que aquí, (en México) lo que se ama nunca muere". fiesta, pues, de resignación y esperanza.
Algunas horas más tarde y casi sin darme cuenta, me encuentro de nuevo ante la puerta de mi casa. Creo que al final de mi caminata por las calles calladas he encontrado el motivo general de mis cuadros. Si tuviera que dibujar un lienzo con las escenas vistas hoy, sin duda lo llamaría, "Se acerca el día de muertos"
Toco la puerta... me abren... entro y comienzo a traducir a tinta mis pensamientos.
jueves, 7 de octubre de 2010
Cuando brilles
sábado, 25 de septiembre de 2010
Escribo para ver
sábado, 18 de septiembre de 2010
Soñé que soñaba
Anoche soñé que soñaba
y a ti, sueño de mis sueños
en mis sueños te encontraba
Soñé que estando dormido
tu alma me visitaba
venía a velar mis sueños
a calmar mi alma angustiada
y ponías tus cándidas manos
sobre mi dormida cara
y luego besabas mi frente
y en silencio te marchabas
Y soñé que despertaba
y por no verte a mi lado
deshecho y desconsolado
en mi sueño te buscaba
Pero ya no te encontré
y mi sueño perturbado
ya no era lo que fue
¡te me habías escapado!
Y por no querer hacer
de ese sueño realidad
en sueños me volví a acostar
quise volver a soñar
Hoy por fin al despertar
noté que tú ya no estabas
y por no tener que afrontar
el hecho de verte perdida
si alguien me preguntaba
yo solo le respondía:
"anoche soñé que soñaba"
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Pensamientos de un exiliado
... Era en el silencio de aquellas pacíficas noches frescas y estrelladas, cuando el viento me traía desde el otro lado del mar los olorosos recuerdos de mi tierra natal. Estos me penetraban hasta el corazón y enseguida mi alma sentía enormes deseos de volcarse sobre el papel. Si se lo permitía, entonces escribía apresuradamente y tras unos instantes todo quedaba como desahogado de ese sentimiento que le oprimía el pecho. Todo quedaba en gran calma como la noche misma. Y así continuaba los días esperando con ansia el momento en que pudiera volver a verla pero, ay, que ingrato es el hombre... para volver a pisarla.
De caundo en cuando esa espera se hacía terrible, insoportable. Me sentía solo y desprotegido. Parecía que ni yo mismo me entendía. Así se sucedían las noches. Noches cálidas de primavera; noches frescas de verano; noches frías de otoño y noches gélidas de invierno... el día no llegaba. Suspiraba ansioso por verla de nuevo pero esos suspiros lo único que lograban era hacer más larga la espera.
Así fue como aprendí a valorar la noche que en su silenciosa oscuridad me traía en su fresco viento caricias de mi patria. Sus cándidas estrellas eran como fríos besos con que intentaba consolarme y la luna, ah luna hermosa... como dejarte de lado blanca princesa que cada noche intentabas seducirme para hacerme olvidar por un momento mis pesares. A veces te dejabas ver allá arriba, solitaria y ufana por tu reluciente blanco. Otras, juguetona, te escondías por detrás de las ramas de los árboles y, ay como me hechizabas cuando toda llena y resplandeciente te presentabas casi tocando el ensombrecido suelo y pintando las nubes de amarillo.
Me pareció que comprendía a los enamorados que gemían por la ausencia de su amada... yo no amaba a nadie en concreto y sin embargo ese pesar seguía oprimiendo mi pecho. Si por lo menos hubiera contado con un amigo, lo que se dice amigo, en esos momentos con quien compartir mi desdicha, pero no. Me sentía incomprendido, no correspondido y aun así había algo que me empujaba a seguir esperando.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Maltrata
Maltrata. Según me dijeron, el nombre proviene de que fue el pueblo más dañado en una erupción del volcán. Es el pueblo de mi abuela. La última vez que había estado ahí, fue hace más de quince años, precisamente cuando murió mi abuela. En aquel entonces estaba aun sin pavimentar, el lugar que ocupan hoy las casas lo ocupaban entonces más campos de siembra. Los burros y caballos han ido cediendo paso a los autos.
Sin embargo hay algo… algo que hace que el Maltrata de hoy, siga siendo el Maltrata de hace tantos años. Algo que sigue haciendo que al atardecer, cuando el sol se esconde tras las montañas, y el aire frío empieza a anunciar la llegada de la noche, puedas respirar profundamente y decir: “estoy en el pueblo”
Y es que cada pueblo tiene ese algo. Desde los pueblos resguardados por las montañas, como los que dejan que las olas del mar acaricien sus pies. ¿Qué será ese algo? ¿Acaso el tiempo? ¿Será el aire?, ¿serán las almas de lo que ya se fueron o acaso su simple recuerdo? En el pueblo parecería que el tiempo se detiene. O si no se detiene, que camina más lento.
Al atardecer he visto que de algunos techos de lamina empezaba a subir blanco, paciente, rutinario, un poco de humo. Se estaba preparando la cena. Tortillas quizá.
Los pueblos representan una parte muy especial en los paisajes de mi alma. Y es que los pueblos, muchos de los pueblos además de detener el tiempo, son capaces de colarse por una rendija del corazón.
Me voy de Maltrata, pero en cierto sentido me quedo. Algún día quizá otro pasante respire profundamente un atardecer de otoño y a lo mejor será capaz de percibir ese pedacito de mi alma que ahora forma parte de Maltrata. Y tal vez también se preguntará qué es ese algo que hay en cada pueblo…
martes, 31 de agosto de 2010
El día que te vayas
Sin más preámbulos, dejo la primera.
martes, 17 de agosto de 2010
De maestros, sindicatos y cosas por el estilo
Durante un momento se ha interrumpido el curso para escuchar las palabras y nuevos nombramientos para puestos directivos del sindicato de maestros. Sinceramente me sentí como Cantinflas en la película “El Barrendero”. Sí, recuerden aquella escena en que se presenta a la junta del sindicato y expone un discurso tan disparatado que causa gracia.
Entre tanto “compañeros” y alabanzas al sindicato me he perdido y no he logrado rescatar nada importante sobre una verdadera educación. Lo que sí me ha quedado claro es que los nuevos directivos obtendrán un ingreso salarial más elevado del que tenían. La única diferencia con Cantinflas es que en mi caso, no causaba gracia la exponente…
No quisiera alargarme más, pero eso me ha llevado a reflexionar sobre un discurso que hice hace algunos años para mi clase de elocuencia, en el que exponía una verdad tan obvia, que hasta ofendía de tan obvia. Trataba sobre la educación, y en él hacía notar eso, que si no queríamos en un par de años vernos invadidos por gente mediocre con título (sin ironía), teníamos que poner un mayor énfasis en las escuelas para buscar formar de verdad a los alumnos.
Al final, muchos se fueron a celebrar con los maestros recién ascendidos y el curso se vio interrumpido justo cuando estábamos por sacar conclusiones. Yo por mi parte saqué ya mi conclusión: Viva México, vivan los maestros y por supuesto… ¡viva el sindicato! Pregunta final, ¿Cuándo diremos nos solo con palabras sino con hechos ¡Viva el alumno!?
Una reflexión "al vuelo"
Frente a mi oficina, sobre las escaleras que van al segundo piso, había un nido de golondrinas. 3 polluelos tenía el nido. Sobre una lámpara...
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Ricardo Morales Jiménez Democresia.es “Es que hoy, cuando un niño brilla desde el colegio todo el sistema está creado para machac...
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Hola a todos... Hoy les quiero compartir una poesía de uno de mis poetas favoritos: José María Pemán . La poesía se titula: "Este Olivo...