viernes, 10 de junio de 2011

Están cerradas las Iglesias

Tiene ya un buen rato que no me pongo a escribir lo que pienso. Y si no lo escribo, para mí es como si no lo pensara. Refiriéndome claro, a aquellos temas que captan de modo particular mi atención. Sería imposible escribir todo lo que se piensa, creo yo.

Y hablando de temas que captan de modo particular mi atención, hace días hubo uno que llego a mi cerebro y ahí ha permanecido medio oculto, medio visible, y que quiero tratar de darle forma.

El hecho es el siguiente: Están cerradas las Iglesias. No sé, no es que sea algo malo ni una persecución anticlerical o anticatólica, no. No es que no haya sacerdotes o que se acabaran los oficios divinos, no. No es que ya los fieles no se acerquen a los templos o que los sacristanes estén en huelga, no. Es simplemente que están cerradas las iglesias. Me explico.

Por diversas circunstancias a lo largo del último mes, ha coincidido que pasó frente a varias iglesias, capillas o templos, como prefieran llamarles, a las horas en que está cerrado. Bien sea muy temprano por la mañana, bien sea a la hora de la comida o por fin, ya en la noche. Lo que pasa aquí es que a mí se me hace raro, es algo que “golpea” la vista el hecho que una iglesia esté cerrada.

Revolviendo un poco entre mis recuerdos, yendo a la época en que era aún niño, o más niño, no encuentro una imagen fija de un templo cerrado. Hasta donde recuerdo, a partir de las seis, máximo a las siete de la mañana, los templos ya estaban abiertos dispuestos a recibir a quien se acercara buscando a Dios o buscando cumplir un mandamiento. Por la tarde, mientras todos comían, el templo permanecía abierto o quizá cerraban durante una hora, una breve hora. Y al finalizar el día, pero solo al finalizarlo, es decir, prácticamente siempre después de las ocho u ocho y media de la noche, entonces sí, se cerraba el templo, ya cuando la noche pintaba de oscuro el cielo.

Hoy por hoy, sinceramente es una imagen que me choca un poco. Debe ser además porque un par de veces he intentado entrar a un templo en esas horas en que está cerrado. Seré sincero, no conozco los horarios. Me imagino que abrirán a las ocho de la mañana, cerraran para comer a las dos de la tarde; abrirán de nuevo a las cuatro de la tarde y a las siete o siete y media, ya los están cerrando.

No digo que esté bien o que esté mal. Simplemente es un hecho que llamo mi atención y me da qué pensar. Bueno, he de decir que los domingos en que hay Misa hasta tarde, sí, los cierran más noche. Pero espero que no sea símbolo ni que ayude a que la religión se convierta en una especie de servicio público más.

jueves, 3 de marzo de 2011

Perdí el autobús (segunda parte)

Llego a mi casa al rededor de las ocho de la mañana. Mi nuevo viaje está programado para las nueve quince. Subo las escaleras, entro a mi habitación que está hecha un desastre. Mi maleta en el piso, desbordando ropa. Mis tennis, mis chanclas. No sé por donde empezar así que me siento en mi cama, enciendo la computadora y me conecta a internet.

Sigo molesto. Una y otra vez me recrimino: ¡cómo pude haber perdido el autobús! Mi hermana se despierta, sale de su habitación y me ve. Primero sigue su camino sin más. Después como que se da cuenta de que algo anda mal. Me mira de nuevo. Dispara la pregunta "¿y ora?" ¿no te fuiste? como si no me lo hubiera ya recordado yo mismo bastante, me veo obligado a revelarlo una vez más y esta vez además en voz alta... PERDÍ EL AUTOBÚS.

Nunca pensé que un hecho tan simple pudiera adquirir tintes tan estresantes. Es más, nunca pensé que un hecho tan simple tomara tanta influencia en mi. En otras circunstancias no le habría dado mayor importancia. Al saber que perdía el autobús hubiera dicho: "paciencia, me voy en el siguiente" y se acabó. Pero esto se está ya haciendo muy cuesta arriba.

Ahora despierta mi otra hermana. A ella le temo más. Estoy viendo ya su burla al saber que he perdido el autobús y sinceramente ahora no estoy para burlas. Pongo cara de molesto. Aun así me pregunta una vez más el motivo de que esté aún en la casa a esa hora. Si supiera... si supiera que mientras ella aun dormia yo me desperté, me enojé, salí, tomé un taxi, fui a la central, cambie mi boleto, la chica del mostrador me regañó, regresé caminando a la casa, me ladraron y persiguieron unos perros... pero no. No lo sabe y no le daré el gusto de saberlo. Le contesto con un escueto pero de nuevo humillante: "perdí el autobús"

Bueno, no alargaré más mi relato. Solo enumeraré unos hechos más. El autobús que debia salir a las nueve quince, salio a las 10 de la mañana. Por ir a toda velocidad, casi chocamos un par de veces. Además de perder mi clase del lunes, perdí mi entrenamiento de Voley. Sin nada que hacer en casa empecé a ver la televisión y que se va la luz. Ah, y no comí.

Ya por la noche tomé, entre otras cosas, una decisión muy firme de levantar el ánimo, pues si ese había sido el primer día no me quería ni imaginar el resto de la semana. Así que en lugar de verlo como el primer día de la semana, lo vi como el ultimo día de un mes que estaba ya muriendo. Y pensar que todo comenzó por haber perdido un autobús.

En honor a la verdad, no todo fue absolutamente malo. Es más hubo una cosa muy muy buena y fue que pude hablar con Laura. Si no, ahora sí que creería en la mala suerte.

martes, 1 de marzo de 2011

Perdí el autobús (primera parte)

Oigo entre sueños la voz de mi madre que grita: ¡Miguel! y ya despierto vuelvo a escucharla. Faltan diez minutos para las siete de la mañana. Mi primer pensamiento: "ya perdí el autobús". Acto seguido me enojo un poco. Golpeo más o menos fuerte mi pierna mientras me cambio a toda velocidad. Salgo de la casa aun despeinado y hecho una pequeña furia por dentro... ¿Cómo no escuché la alarma, por qué no habrá sonado? doy vuelta en la esquina mientras hago cuentas mentales para saber de cuanto serán mis perdidas. Pasa un taxi, le hago la parada y subo.

Ya llegando a la central voy más tranquilo, el aire fresco de la mañana me ha tranquilizado un poco, pero aun así debo presentar un aspecto de recién levantado. Los párpados los siento pesados todavía. La chica del mostrador, además de ser muy guapa es muy amable y me explica como cambiar el boleto. Luego me riñe un poquito porque se ha "desperdiciado" un asiento que otra persona quería. No se lo tomo a mal. Lo ha hecho de manera simpática.

Ya con mi boleto en mano, vuelvo a la realidad de haber perdido el autobús. Mi mente comienza a trabajar a toda velocidad. Primero me vuelvo a enojar con... no sé ni con quien enojarme. Pienso que no es buena manera de empezar la semana. Voy de regreso a la casa pero esta vez voy caminando. Necesito caminar, necesito pensar, necesito...

Enseguida comienzo a pensar en la cantidad de veces que he tenido que viajar... pierdo la cuenta, son demasiadas. Vienen a mi mente las estaciones de trenes de Burgos, España; la de Salamanca, las de Italia: Gozzano, Milán, Roma... pienso en el "Charles de Gaulle", en Malpensa, en Fiumicino y Ciampino... en el aeropuerto del DF... empiezo a frustrarme un poco. Sigo pensando en el "AutoRes" de Salamanca, en el de Madrid, en la Tapo, en la Central del Norte... en el aeropuerto de Monterrey... pienso en la central de Querétaro, en la de camiones de Torrelavega, en la de Cancun, pienso en el aeropuerto de Frankfurt de Alemania y en la famosa puntualidad alemana... Nunca, nunca he perdido un vuelo, tren, autobús, burro, taxi, camello.. ¡nada! Ni la puntualidad europea había podido conmigo. Definitivamente no es la mejor manera de empezar mi semana.

Mientras voy considerando todo esto, enfilo por una calle. Veo a lo lejos un perro. Conforme me acerco veo que es inofensivo. Cuando creo haber superado el peligro, de debajo de una combi junto a la que paso, sale ladrando una perra. Se le une el primer perro y comienza la persecución. Pensando no sé en que cosa, me freno, doy la media vuelta y los encaro... los amenazo con una moneda de cincuenta centavos recogida previamente en la calle. Se frenan ellos. Ladran. Dan la media vuelta. Yo me alejo caminando de espaldas. Pasa un "Chevy".

Sigo mi camino aun más agobiado. No puede ser. Es lunes, son las siete treinta de la mañana y ya llevo tres al hilo. Pienso en que si así estoy empezando me puedo esperar una semana bastante durita.

Vuelvo a hacer cuentas mentalmente. Me doy cuenta que me he quedado sin dinero para la semana. No, definitivamente no estoy empezando bien la semana. Y todo comenzó por haber perdido el autobús... (continuará)

miércoles, 2 de febrero de 2011

El periodismo en México

El problema no es el periodismo. El problema es México. El problema tampoco es México, el problema son algunos mexicanos. A mi humilde parecer, y no me cansaré de repetirlo, México es como lo definió Joseph Schlarman, una tierra de volcanes, un país con muchos relieves en la orografía social.

Más allá de la verdad, de las garantías ofrecidas por la Constitución, más allá de las libertades, está un gobierno casi omnipotente y más aun omnipresente que se ha encargado de cribar la información, de aceptar o vedar lo que quiere que sepa el pueblo. Y más allá aun de ese gobierno, hay un pueblo adormecido, unas voluntades anquilosadas esperando a ser satisfechas con un poco de sensacionalismo y verdades a medias, que no exijan mayor compromiso, que le permitan opinar sin riesgo de adentrarse en el tan temido campo del esfuerzo y trabajo por lograr un cambio positivo.

Este es el campo en que le toca moverse al periodismo mexicano. El de una sociedad que al igual que los antiguos romanos, parecían conformarse con “panem et circensis” pan y circo. Aquí la pregunta que me surge es: ¿hasta qué punto ha contribuido el periodismo mexicano a moldear este tipo de sociedad? Y digo a moldear y no a formar porque la sociedad mexicana desde el punto de vista informativo, no está formada, puede estar moldeada pero formada no está.
A mi parecer el periodismo mexicano se enfrenta a un reto muy importante y es el de sí, ofrecer la noticia en su integridad y con ese afán informativo, pero también al de la honestidad intelectual. Es decir, buscar ser objetivos y ofrecer juicios que no solo alimenten el morbo sino que nutran de verdad el juicio y la razón de las personas.

No se trata de que impongan un punto de vista, sino que ofrezcan varios de ellos para que cada uno pueda formarse un juicio firme, verdadero y objetivo.

Hace tiempo escuché una frase simpática: “cuando veas dos multitudes gritando, grita con la que más fuerte grita” ojalá en México el periodismo pueda ayudarnos a gritar todos juntos en favor de lo que nos conviene como país, superando diferencias ridículas y nos evite seguir desgastándonos unos contra otros. Yo aun creo que en el poder de la palabra.

sábado, 22 de enero de 2011

Besos con sabor a alcohol

Hola. Les comparto una de las ultimas poesías que he escrito.


Tenía el alma partida

Y partida por el llanto la mirada

Cuando te encontré también a ti perdida

Perdida y llorando desolada

Entre humo de tabaco y acordes tristes

Tristes acordes de un triste piano

Mis dedos se acercaron a tu mano

A tu mano que como el piano estaba triste

Sin querer fui buscando esas caricias

Caricias que el amor me había negado

Y en tus labios fui hallando las primicias

Primicias de un amor desesperado

Fueron con sabor a alcohol tus besos de pasión

Besos amargos, besos de despecho

Que no dejaron mi corazón satisfecho

Ni satisfecho quedó tu corazón

Tras un par de tragos, mi alma adolorida

Adolorida y cobarde, emprendió la retirada

Quedándome con el alma igual, partida

Y partida por el llanto la mirada

domingo, 26 de diciembre de 2010

Una poesía navideña...

Muy Feliz Navidad a todos mis lectores... no he querido atosigarles en estas fiestas navideñas con consideraciones ni elucubraciones... les dejo una poesía para que la disfruten y la reflexionen... es muy hermosa y creo que se explica por sí misma...

Eva en Belén

Era en Belén y era Noche buena la noche.

Apenas ni la puerta crujió cuando entrara.

Era una mujer seca, harapienta y oscura

con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venia sucia de barro, de polvo de caminos.

La iluminó la luna y no tenía sombra.

Tembló María al verla; la mula no, ni el buey

rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos color ceniza,

color del mucho tiempo, color de viento antiguo;

en sus ojos se abría la primera mirada

y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.

En sus manos de tierra, ¡oh Dios!, ¿qué llevaría?...

Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente

y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.

¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!

El Niño la miraba. También la mula. El buey

mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era en Belén y era Noche buena la noche.

Apenas ni la puerta crujió cuando se iba.

María al conocerla gritó y la llamó ¡Madre!

Eva miró a la Virgen y la llamó ¡Bendita!

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!

Afuera aún era pura, dura la nieve y fría.

Dentro, al fin, Dios dormido, sonreía

teniendo entre sus dedos niños la manzana mordida.

(Murciano-1929)

sábado, 11 de diciembre de 2010

Guadalupe

Hace algunos años me encontraba en la ciudad de Salamanca, en España. Asistía a una serie de pláticas sobre la Inmaculada Concepción. Durante ese ciclo de pláticas, el conferencista dijo que la Virgen de Guadalupe no era mexicana. El conferencista era chileno y el auditorio al que le hablaba era en un 60% mexicano. Ya se podrán imaginar las reacciones. Yo por mi parte ya incursionaba en los terrenos de la poesía así que compuse una especie de soneto que lo dediqué en primer lugar a la Virgen de Guadalupe, y en segundo lugar al conferencista.

La idea es sencilla: dado que el conferencista decía que la Virgen no era mexicana porque cuando se apareció aun no existía Mexico, yo argumento que Mexico es guadalupano porque la Virgen se introdujo en sus raíces y que quiso adoptar nuestra Patria como propia. Bueno, se los dejo, espero que les guste.



Guadalupe, orgullo del mexicano
te quisiste quedar en nuestra tierra
y el que esto piense para nada yerra
que a México hiciste guadalupano

Si cuando bajaste todavía no era
en su raíz hundiste tu figura
para que de México la sangre toda fuera
guadalupana, Santa Virgen Pura

Con ninguna otra nación hiciste igual
nuestra Patria escogiste como propia
nos dejaste tu imagen celestial

Gracias por bajar a nuestro suelo
que convertiste con tu maternal presencia
en tu segunda casa, en tu segundo cielo

jueves, 9 de diciembre de 2010

Dios... Karma... Destino...

Desde hace un par de días hay una idea que me ha estado inquietando un poco. Ha estado luchando por salir de ese lugarcillo donde se gestan las ideas, sólo que como todos saben, no es bueno que una idea salga y ande por ahí vagando si no va bien vestida y arropada con lógica, buenas palabras y claridad. Bien, trataré de vestir a mi idea de manera que puedan entenderla.

Se trata de lo siguiente: últimamente, si bien no es algo nuevo, he estado escuchando en canciones, en programas de televisión, en comerciales y anuncios varios una palabra: el destino. Sí, la primera vez o quizá las primeras veinte veces me pasó desapercibida o hasta me pareció poética. Después comenzó a hacer eco en mi mente, más tarde no paraba de verla en todos sitios. Mis amigos la utilizaban en sus conversaciones, salía en las páginas de los libros y periódicos, creando un poco de confusión o más bien tomando un lugar que no le pertenece del todo.

Lo de la confusión y el lugar que no le pertenece, lo digo porque muchas veces la confunden con Dios. Quién no ha escuchado frases como: "el Destino, Dios, Karma... llámale como quieras, pero..." y otras parecidas.

El Destino, con la connotación de un ente personal, vine de la concepción fatalista romana y quizá ya desde antes, de los griegos, para los cuales había una especie de deidades o deidad que era el "Fatum" los hados, o el Destino, al que hasta los mismos dioses estaban sometidos y que regía la vida de los hombres de manera más bien caprichosa y lo expresaban con una frase: "ducunt volentem fata, nolentem trahunt" (El destino conduce a quien se le presta y arrastra a quien se le resiste)

Y bueno, creo que la forma en la que lo toman o usan ahora... en las canciones y demás cosas que mencionaba al inicio, no ha cambiado mucho, solo que dudo que sepan el origen de tal tendencia.

Al punto al que voy es al siguiente: como dijo una vez uno de mis profesores, un hombre bastante sabio y que admiro mucho: "El que no conoce a Dios, a cualquier burro se le hinca" como que da la impresión que los hechos que ocurren día a día en nuestras vidas los queremos atribuir a algo... o a alguien que puede estar por encima y que los va permitiendo o acomodando, que se encarga de "cobrarse" las malas acciones cometidas y que, sin decirlo tan abiertamente... juega con nosotros.

No me meteré en terreno filosófico por ahora, aunque bien valdría la pena, pues anula entre otras cosas la libertad, la autodeterminación...

La cuestión es esa: que el Destino está de moda. A veces como que da pena reconocer que es Dios quien realmente está al tanto de nuestras vidas. A veces da miedo aceptarlo, A veces incluso cuesta creerlo, pues no estamos acostumbrados al tiempo de Dios y queremos resultados inmediatos. Pero, ¿acaso no preferirías confiar tu vida a un Padre que sabes que te ama, que a una especie de idea abstracta que ademas es una caprichosa y para quien no eres más que un juguete?

Otra idea quiere acompañar a la primera... ¿qué ha hecho el "destino" o el "Karma" por tí? creo que nada, o al máximo hacerte pasar ratos un tanto amargos... sin embargo, de Dios sabemos que ha hecho bastante por cada uno... nacer, hacerse hombre, dar su vida... ¿es poco?

Bueno, creo que ya quedó. Mejor corto antes de que la idea se convierta en un batiburrillo soporifero. Solo termino con una invitación a que pienses si no es mejor confiar tu vida a la Providencia de un Dios que sabes que es amor y que te ama, que al capricho de un "algo" que ni siquiera estás seguro de que pueda existir.

martes, 7 de diciembre de 2010

Un poco de patriotismo

Hola de nuevo! esta entrada la debí haber publicado hace dos meses, pero bueno, más vale tarde que nunca. El hecho es que la preparé para las fechas de la Fiesta de Independencia, pero solo hasta ahora la vine a encontrar, así que con gusto se las comparto, por si se puede rescatar aún alguna idea.



Yo todo lo resisto menos la tentación… así es. En medio del bombardeo mediático que nos pide celebrar el bicentenario de la Independencia de México, yo me propuse no caer en la tentación de dedicar una parte de mi blog a dicho tema. Sin embargo he caído.

En honor a la verdad los hago por dos hechos bien simples que llamaron mi atención. El primero fue un comentario en el facebook que decía que la Independencia de México no se entendía sin el cristianismo. El segundo hecho fue ver izada en la catedral de mi ciudad la bandera mexicana.



Mi querido México es una verdadera tierra de contrastes, o como la definió Joseph Schlarman, una Tierra de Volcanes. En lo que va del año México se ha reconocido como un estado laico que lleva verdaderos tintes de laicista. Así mismo se han aprobado leyes que no van en contra de lo que dice la Iglesia, sino contra lo que enseña la naturaleza. Contra esa ley, “no escrita sino innata, que no aprendemos, recibimos o leemos sino extraemos de la misma naturaleza” (M.T.Cicerón, Pro T. Annio Milone, IV, 10) que es la ley natural y que nos enseña a defender la vida, por citar un ejemplo.



Sobre el hecho que la independencia de México no se pueda entender sin el cristianismo habría mucho que objetar. Para comenzar dicen que la historia la escriben los vencedores, y en nuestro caso mas allá de vencedores o vencidos, ha habido un gobierno que es el que dice qué se puede conocer de la historia y que no, por lo cual hay mucha oscuridad en torno a tan importante acontecimiento. Aun así, el hecho de que el iniciador haya enarbolado un icono religioso o hay sido él mismo un ministro de culto católico, no creo que quiera significar que fue el cristianismo quien promovió dicho movimiento. Más aun, creo que no es parte de la esencia del cristianismo el organizar la vida política de una ciudad, sino la vida espiritual de sus miembros.

Esto mismo nos lleva a ver el mal entendido y denominado laicismo como absurdo, al querer separar a la Iglesia del Estado. Ya que la Iglesia nunca ha dictado leyes ni pretendido gobernar una nación. Es diverso el hecho de ser luz para las conciencias de las personas, el nombrar bueno lo bueno y malo lo malo. Y esto ninguna ley puede cambiarlo, pues no es cuestión ni de leyes ni de creencias, es cuestión de naturaleza. Y cabe recordar, como leí alguna vez en un libro, que Dios siempre perdona, los hombres a veces, pero la naturaleza nunca.



El segundo contraste que mencioné fue el hecho de ver ondeando encima de la fachada de la catedral de mi ciudad la bandera de México. México, el nuevo México laico separado de la Iglesia no objeta nada a que se muestre la bandera de la nación sobre un edificio de culto católico. ¿Qué pasaría si ponen la imagen de la Virgen de Guadalupe sobre el palacio de gobierno?

No quiero crear más polémica. Lo único que pretendo es resaltar la incoherencia que se sigue a ciertas determinaciones al grado de hacerlas parecer como caprichosas. Y todo esto en el marco de la celebración de la independencia del país nos debería llevar a reflexionar, no en el hecho de si somos libres o no, sino de si realmente hemos sabido ser libres, si estábamos maduros para caminar en pos de lo que nos convenía como Patria y como País. Si hemos sabido usar esa libertad o si simplemente sucumbimos ante sus encantos y después no pudimos sostenernos.



No quisiera yo que en el “tricentenario” se hable de una nueva independencia en la que el Estado se liberó de “la Iglesia” porque quien no aprende de su historia, está condenado a repetirla. Y francamente yo creo que después de doscientos años, México sigue necesitando esa luz para la conciencia que le ayude en su caminar como nación independiente. Los hechos hablan por si solos.



Para ser sinceros el hecho de la bandera en la catedral me gustó, pues mientras siga ondeando una bandera en lo alto de una Iglesia, cada vez que Dios mire hacia su rebaño, se acordará de que hay un país entero que le necesita…

domingo, 7 de noviembre de 2010

Este olivo

Hola a todos... Hoy les quiero compartir una poesía de uno de mis poetas favoritos: José María Pemán. La poesía se titula: "Este Olivo" espero que les guste.



Este olivo que en este triste día
en que está el cielo gris y blanco el suelo,
calienta en el hogar mi casa fría,
era ayer el encanto y la ufanía
de mi olivar, bajo el azul del cielo.


Era aquel viejo olivo castellano
tan erguido y valiente. En el verano
sus nudosos ramajes ofrecieron
grata sombra a las gentes campesinas
y a sus hojas pacíficas vinieron
huyendo del calor, las golondrinas


Y, al fin, cayó... sus ramas retorcidas,
pródigas hasta el fin, ennegrecidas
entre un montón de leñas y de abrojos,
aun dan en este hogar, luz a mis ojos
y calor a mis manos ateridas;
como ayer en las faldas de la sierra
dieron junto al pacífico arroyuelo
sombra a los caminantes de la tierra
y cobijo los pájaros del cielo.


Y así quiero yo ser, como este olivo,
pródigo hasta morir...


Por eso escribo
en mis pobres cantares cuanto hiere
mi ser con alegrías o dolores
para dejar así en ellos resplandores
de esto que hay en mi ser que nunca muere,
y dar así en herencia a mis hermanos
-¡oh olivo de mis campos castellanos!-
lo que hoy me han dado tus destellos rojos:
un poco de luz para los ojos
y un poco de calor para las manos.

martes, 2 de noviembre de 2010

El dos de noviembre

Dos de noviembre, día de los difuntos. He estado en un cementerio romano. Una auténtica “necrópolis”, ciudad de los muertos. Grande, muy grande, con sus calles y avenidas. De un lado se ven simples nichos. Frías lápidas de mármol a ras de tierra con austeras inscripciones. Ricos mausoleos que son como las “casas grandes de la ciudad”… Al fondo, una proporción de terreno cubierta sólo por erguidas cruces plateadas. Ni un adorno, ni una lápida. Sólo una cruz y en ella una sola fecha… sólo una cruz se alza sobre el dolor y la rabia por la muerte de un recién nacido o un ni siquiera nacido.

Sigo caminando por la ciudad de los muertos, rezo por sus almas. Varias reflexiones me asaltan en mi lento deambular entre sus avenidas de grava. Algunas tumbas pretenden ser pequeñas casitas, con su reja y escalerilla. Otras, simples contenedores y algunas en fin, verdaderos santuarios.

Al lado de los nombres se pueden ver fotografías. Me llama la atención un rostro hermoso de una joven seria. ¿Qué quedará de esa hermosura tras la triste lápida? Jóvenes, ancianos, pobres, ricos, mujeres y hombres… todos acaban cubiertos por un poco de tierra, mojada al inicio por lágrimas dolorosamente arrancadas o endurecida después por el imparable paso de los años.

Ahora levanto un poco la mirada. Los vivos caminan por la ciudad de los muertos. Callados, taciturnos, meditabundos. Caminan por aquellos que ya no pueden caminar, meditan en la muerte de quienes quizá no pensaron en la muerte hasta pocas horas antes de saludarla personalmente, rezan por quienes tal vez ya nadie reza. Caminan en silencio, temiendo interrumpir el silencio de los que ya no hablan. Caminan quizá queriendo escuchar la debilitada voz de alguna póstuma enseñanza. Y ¿qué queda tras estas vidas, breves algunas, más largas otras, pero ya todas terminadas?

Qué cuadro tan más sugestivo… los vivos paseando por entre las avenidas de los muertos. ¡Qué contraste! Me voy de la ciudad de los muertos dejando a los vivos caminando en ella. Al llegar a casa he encontrado una respuesta a las preguntas de tantos que caminan por los cementerios…

“Y el día de mañana, cuando los hombres nos olviden, solamente una cruz, y en ella Cristo, seguirá abrazando nuestra sepultura como guardián eterno de una amistad comenzada en esta tierra”

Una reflexión "al vuelo"

Frente a mi oficina, sobre las escaleras que van al segundo piso, había un nido de golondrinas. 3 polluelos tenía el nido. Sobre una lámpara...